Posteado por: tradelbarcelona | diciembre 5, 2013

Lenguajes (I): La historia completa de El Principito

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Inauguramos esta columna bautizada Lenguajes en el mes que da fin a todos los años: diciembre. Por estas fechas, en Barcelona, el manto gélido se decide a envolvernos definitivamente. Cuando anochece, las calles se llenan de luces, se cierran los propósitos iniciados en septiembre a la vuelta del verano y nos damos un respiro que da pie a formular nuevos objetivos para el año que está a punto de empezar. Es también un mes en el que las emociones se aceleran y el estrés por la fiebre de los regalos y los encuentros familiares nos acecha.

Me gustaría enhebrar esta columna propiciada por la empresa de traductores jurados y técnicos Tradel Barcelona, siempre vinculada a la cultura de forma paralela a su misión empresarial, presentando un libro muy especial que he traducido y que irrumpió en las librerías pocos meses atrás: La historia completa de El Principito, editado por Salamandra. En esta edición conmemorativa, podréis encontrar, junto a una buena suma de ilustraciones inéditas del autor, textos detallados acerca de su biografía y de la gestación del libro, un profundo análisis sobre la obra y el testimonio de aquellos que le rodearon.

principitoTraducir es una aventura del lenguaje sutil, delicada, agreste y apasionante. Caminar entre dos lenguas siempre lo es, y más, si entre líneas se dibuja la silueta de aquel hombrecito con bufanda animado por Antoine de Saint-Exupéry. Me siento muy honrada por haber formado parte de este proyecto. El Principito, el original, desde su primera edición norteamericana en 1943, logró instalarse en el seno de prácticamente todas las casas, dando la vuelta al mundo de la mano de su protagonista. Casi todas las lenguas han podido ver a través de los lúcidos ojos de aquel niño con alma vieja, un niño-adulto ideado por un adulto con alma de niño.

León Werth, a quien Saint-Exupéry dedicó la obra, dijo en una ocasión: “Los adultos no conocen a sus semejantes más que por pequeños fragmentos mal unidos, mal iluminados por una luz dudosa. Pero el niño los ve bajo una luz absoluta, con la misma claridad que al Ogro o a la Bella Durmiente. Vive en un universo de certidumbre. Saint-Exupéry poseía el arte de devolver a los seres humanos esa certidumbre”.

Esa fue la tarea y el logro de El Principito, devolver esa suerte de “mirada limpia” que los adultos solemos perder en el transcurso de nuestro andar por la vida, esa que nos embota, que nos distrae, que insiste en esconder lo esencial y que nos envuelve con el velo de la incertidumbre. Nuestro hombrecito solía decir que “lo esencial es invisible a los ojos”, que “no se ve bien sino con el corazón”. De alguna manera, me gustaría pensar que ésta es la finalidad oculta, la vocecita subterránea que se esconde en el mensaje encriptado de estas fechas navideñas repletas de ilusiones que se agolpan en la garganta y que, a veces, se anquilosan por sobreabundancia de turrones, regalos y champán: Reactivar la fluidez de los lenguajes sutiles que nos unen, limpiar la mirada, devolver la certidumbre.

Estas tres claves nos permiten volver a empezar.

Ariadna Salvador

Firma Ari

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